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Las devociones religiosas y nuestros barrios

Domingo,12 diciembre 2010 Un comentario

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Blog Barrios del Sur
Por Rafael Torrech San Inocencio
torrech.rafael@gmail.com

Las navidades es una época de celebración y generosidad.  También es tiempo de renovar devociones y de recordar la esencia religiosa de la temporada.  Por tanto, resulta oportuno discutir la presencia de las devociones religiosas en los nombre de los barrios de Puerto Rico, y lo qué nos señalan estos nombres sobre nuestra historia y nuestra gente.

Las devociones religiosas están presentes en los nombres o topónimos de nuestros barrios. El fervor y la tradición religiosa consta en referencias a santos, a misterios religiosos, a personajes o circunstancias de pasajes bíblicos, y al rito eclesiástico católico.  También nos ofrecen pistas sobre la función socioeconómica de la Iglesia Católica en nuestra historia, y en la propiedad territorial del País.

Toponimia Religiosa:

La religiosidad puede vincularse a los topónimos de al menos 45 barrios de Puerto Rico.  Estos representan el 5 por ciento de todos los barrios de Puerto Rico y sus nombres equivalen al 7 por ciento de todos los topónimos de barrios rurales de Puerto Rico.  Humacao es el municipio con mayor número de barrios de este tipo, con cuatro, seguido por San Germán y Utuado, con tres cada uno.

Los topónimos religiosos más frecuentes son los relativos a santos.  Entre las devociones más conocidas, principalmente por referencia bíblica, se encuentran la de los topónimos de los barrios San José (Quebradillas) y Viejo San Juan (San Juan).  Entre los santos menos prominentes en la mística popular se encuentran los topónimos de San Isidro (Culebra), San Lorenzo (Morovis), San Patricio (Ponce) y San Salvador (Caguas).  Entre las santas, lo mismo aplica a Santa Catalina (Coamo), Santa Isabel (Utuado) y Santa Olaya (Bayamón). El fervor Mariano está presente en los topónimos Purísima Concepción (Las Marías), Rosario (Mayagüez y San Germán) y Mariana (Humacao, Naguabo), entre otros.  Otro topónimo frecuente, especialmente en la zona noreste, es Cruz (Moca), recurrente en Cruces (Aguada, Rincón) y en el Barrio Santa Cruz (Carolina).  Otros topónimos religiosos son los de los barrios Ángeles (Utuado) y Encarnación (Peñuelas).

Ermitas:

Las ermitas son el origen de los nombres de algunos barrios. Las ermitas eran pequeñas capillas para el culto religioso –frecuentemente construidas por dueños de hatos– para proveer servicio espiritual a comunidades aisladas y distantes de los núcleos poblacionales principales. Dicha aislación imposibilitaba a los feligreses cumplir el precepto de misa dominical, y a menudo se ajustaba la periodicidad del precepto a la distancia entre la localidad y la ermita o iglesia más cercana. Así, las ermitas suplían el culto mediante sacerdotes itinerantes que acudían periódicamente a ofrecer misa.

Entre las ermitas mencionadas en las visitas de los obispos para 1757, sólo los nombres de las ermitas de Nuestra Señora de la Candelaria en Lajas y Nuestra Señora del Rosario de San Germán persistieron como topónimos de los barrios respectivos de Candelaria (Lajas) y Rosario (San Germán y Mayagüez).  Los tres barrios Rosario de San Germán fueron originalmente uno sólo, bajo el nombre de Barrio Santuario del Rosario.   Por su parte, el Barrio San Antón de Ponce debe su nombre a la ermita que Don Antonio Abad Rodríguez Berrios mandó a erigir a fines del Siglo XVI en honor a San Antonio Abad.

Parroquias:

Con el tiempo, muchas ermitas evolucionaron en parroquias, y estas en aldeas y municipios.  La progresión usual era que de la antigua ermita de la ribera del río o del hato ganadero naciera más tarde una iglesia y más adelante una parroquia. La transición a iglesia ocurría cuando el vecindario evolucionaba en una aldehuela o coto de estancias, o cuando éste era absorbido por el crecimiento urbano de un núcleo poblacional adyacente, que a menudo evolucionaba con el tiempo a conformar una aldea, un pueblo o partido, y en algunos casos, una villa.  La parroquia era la célula fundamental y básica en la administración religiosa, con tres aplicaciones esenciales: feligresía, territorio e iglesia.

Esta evolución de ermita a parroquia, y de ahí a poblado influenció los antiguos nombres de pueblos como San Miguel de Cabo Rojo, Altagracia de Sabana Grande, Nuestra Señora de la Candelaria de Mayagüez, Nuestra Señora del Rosario de Aguada, Santa Rosa de Calvache (Rincón), Espíritu Santo de Loíza, San Antonio Abad de Añasco, San Antonio de Padua de la Tuna (Isabela), Nuestra Señora del Rosario y La Monserrate de Arecibo, San Miguel de Hato Grande (San Lorenzo), San Mateo de Cangrejos (posteriormente integrado a San Juan) y Nuestra Señora de la Concepción de Las Piedras, San Germán, Arecibo y Manatí, entre muchos otros.

Entre muchas excepciones destacamos el nombre municipio de Santa Isabel, antiguo Barrio de Coamo Abajo de Coamo. Este no surge del nombre alguna antigua ermita, sino que se conjetura que es un vínculo entre la fecha de autorización de la fundación de Santa Isabel –19 de noviembre de 1841– y la fiesta de Santa Isabel de Hungría.  También se ha plantado  un vínculo antropónimo a la reina de España.  Este tipo de vínculo monárquico es más claro en el topónimo de Isabel Segunda, el barrio-pueblo de Vieques.

Por tanto, la evolución de parroquia a poblado no fue siempre absoluta.  Ya que para la constitución en pueblo mediaba una acción oficial de un gobernador, mientras que el establecimiento de una parroquia requería una disposición del obispo, y estas dos autoridades no siempre coincidían. Por ejemplo, las parroquias de Rosario en San Germán, Esperanza en Arecibo, Santa Cruz de Trujillo Bajo (ahora parte de Carolina) y Florida en Barceloneta nunca evolucionaron en poblados.  En todas las instancias, los nombres persisten como topónimos de barrios actuales.

Emigrantes:

Los extranjeros que llegaron a Puerto Rico dejaron su huella en nuestros barrios mediante topónimos religiosos alusivos a sus países de origen.  Por ejemplo, el Barrio San Idelfonso (Coamo) es el santo patrono del pueblo de Illescas, de la provincia de Toledo en España, de donde eran oriundos don Blas y don Cristóbal de Illescas, colonizadores de Coamo y antiguos dueños de las tierras que hoy comprenden este barrio.

Los recién llegados trajeron al nuevo mundo sus devociones y las perpetuaron en los nombres de sus barrios.  Este es el caso de los barrios Candelaria de Lajas, Toa Baja y Vega Baja, posible influencia de emigrantes de las Islas Canarias, cuya patrona es la Virgen de la Candelaria.  Lo mismo sucedió con el Barrio Esperanza de Arecibo, cuyos orígenes se remontan a una antigua aldea llamada La Esperanza, fundada por emigrantes de las Islas Canarias.  Los canarios también parecen ser responsables de los nombres de los cuatro barrios de nombre Rosario –tres en San Germán y uno en Mayagüez– que repite en nuestras tierras un topónimo que aún existe en Tenerife, en las Islas Canarias.

Órdenes Religiosas:

Las órdenes religiosas se hacen presentes en el topónimo del Barrio Espinar de Aguada. El topónimo proviene de Fray Alonso de Espinar, que fundó en 1527 un convento franciscano en la localidad, destruido en 1529 por los Indios Caribes.  Aún existen los restos de una iglesia posterior erigida en ese lugar, donde se siguen ofreciendo ritos religiosos.

Las órdenes religiosas también están vinculadas a los topónimos de los barrios Frailes y Santa Rosa de Guaynabo.  El Barrio Frailes se conoció originalmente como Barrio Quebrada de los Frailes y Barrio de los Frailes Dominicos.  El Barrio Santa Rosa se llamó originalmente Santa Rosa de Lima.  Ambos son reflejo de la gran influencia religiosa de esta orden en Guaynabo y Bayamón. Las órdenes posiblemente también estén vinculados al topónimo del barrio Monacillos (equivalente a “monaguillos”) de San Juan.  Todas pueden ser el resultado de capellanías.

Capellanías:

Antes del Siglo XIX, la titularidad religiosa de grandes extensiones de tierras –a menudo hatos y estancias–  resultó de las capellanías. Aquellos que podían pagarlas, fundaban una o más capellanías cuyos beneficios estaban destinados a procurar la salvación de su alma, usualmente mediante un compromiso de misas y rezos a perpetuidad.  Otros las dejaban en sus testamentos, para lograr la ayuda que necesitaría su alma para ascender del purgatorio una vez fallecidos.

Las capellanías y su impacto socioeconómico es un asunto muy poco estudiado en Puerto Rico, pero se hace evidente en la toponimia de grandes extensiones de tierras que una vez pertenecieron a la Iglesia Católica. Por ejemplo, gran parte del litoral que hoy conocemos como Piñones una vez se conoció como el Hato de los Frailes, posiblemente una capellanía. La donación de grandes extensiones de tierra en Santurce a las Religiosas del Sagrado Corazón por Don Pablo Ubarri a finales del Siglo XIX –parte de la cual aún persiste en los predios de la Universidad del Sagrado Corazón– posiblemente fue un tipo de capellanía, aunque más moderna.  Otras instancias abundan.

Otras:

Algunos topónimos de barrios tienen un vínculo indirecto con la religiosidad.  Este es el caso de los dos barrios Candelero de Humacao. Candelero es el utensilio que se utiliza para mantener derecha la vela o candela, de vínculo con el culto religioso.  Hay varias menciones a candeleros en las escrituras.

En algunos casos, los topónimos de origen religioso están relacionados con antiguas haciendas e ingenios, ya que era frecuente denominarlas con nombres de santos, a modo de patrón o protección.  Por ejemplo, el topónimo del Barrio Santa Rosa de Guaynabo –ya mencionado como vinculado a las órdenes religiosas– fue en el pasado la Colonia Santa Rosa, aludiendo a una ya pasada función agrícola.  Los topónimos vinculados con antiguas haciendas, ingenios y hasta centrales son aún muy abundantes en los nombres de nuestros sectores y comunidades rurales.

Depuración Religiosa:

Aunque muy pocos barrios han cambiado de nombre en el último siglo, es muy frecuente que aquellos que lo han hecho adoptaron nuevos topónimos de vínculo religioso, posiblemente para sanear topónimos que hoy resultan indeseables, incómodos o peyorativos. Este fue el caso de los Barrios San Antonio y San Salvador (Caguas), San José (Quebradillas) y La Gloria (Trujillo Alto), que sustituyeron los antiguos topónimos de Jaguas/Quebrada Puercos; Culebras; Bellaca/ Quebrada de la Bellaca; y Quebrada (del) Infierno, respectivamente.  El Barrio Quebrada Infierno de Gurabo, colindante con el de Trujillo Alto, retuvo su antiguo nombre pero se conoce generalmente como Barrio Santa Rita, por iniciativa de las autoridades religiosas locales. Historiadores han sugerido que antes de llamarse Ángeles, el antiguo nombre del barrio de Utuado fue Criminales, o Quebrada de los Criminales.

Estos ejemplos demuestran la presencia de la religiosidad en nuestra historia, y por tanto, en la historia de los barrios de Puerto Rico que aluden a nuestras devociones.

Bibliografía Mínima:

Junta de Planificación (Mapa de municipios y barrios, Núm. 25, 39, 45, 49, 51, 52, 57, 62, 1952, y 1955), Vicente Murga y Alvaro Huerga (Episcopologio de Puerto Rico, Tomo IV, 1990)  Generoso Morales Muñoz, (Orígenes históricos de San Miguel de Hato Grande y Fundación de Gurabo, 1944, 1943)  Aníbal Sepúlveda y Jorge Carbonell (Cangrejos-Santurce: historia ilustrada de su desarrollo urbano (1519-1950), 1988)  Salvador Padilla Escabí  (El poblamiento de Puerto Rico en el Siglo XVIII, 1985) Luis Torres Oliver, (Estampas de nuestra iglesia, 1989) Ramón Rivera Bermúdez, Historia de Coamo, la villa añeja, 1980) Manuel Alvarez Nazario, (La herencia lingüística de Canarias en Puerto Rico, 1977) Pedro Tomás de Córdova (Memorias geográficas, históricas, económicas y estadísticas de la Isla de Puerto Rico, Tomo II, 1968)  Mario A. Rodríguez León, (Bayamón: notas para su historia, Vol. I, 1985) Cayetano Coll y Toste, (Boletín histórico de Puerto Rico, Vol. XIII, 1914) Juan Ramón Mestre, (Descripción topográfica del pueblo de Quebradillas, 1846)  Carlos Buitrago Ortiz (Esperanza, An Ethnographic Study of a Peasant Community in Puerto Rico, 1977) Luz Minerva Betancourt (La toponimia de la zona este de Puerto Rico, 1966) Oscar L. Bunker (Historia de Caguas, 1975) Walter Cardona Bonet, (Quebradillas, el sitio de Terranova, notas para su historia, 1985) Betty Ann Zayas, (Isabela: los municipios de Puerto Rico, su historia y su cultura, 1991)  Rafael Torrech San Inocencio (Los barrios de Puerto Rico, 1999; y Orígenes, configuración y toponimia de los barrios de Puerto Rico, 1994)

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